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Crónica Vegas de Conocimiento

  • Foto del escritor: Daniela Bautista Candela
    Daniela Bautista Candela
  • 24 oct 2023
  • 5 Min. de lectura

VEGAS DE CONOCIMIENTO, EL SUEÑO EN EL ALTIPLANO.

El plan parecía una locura, pero algo simple, las ideas volaron dentro de sus cabezas hasta que una se escapó por sus labios. Desde ese momento, el viento que hacía revolotear las cortinas paró, todo el mundo estuvo en silencio. Se miraron unos a otros, la idea era descabellada, ¿pero que les pasaban a estos?, ¿será algo muy ambicioso?, pensaron algunos. Otros, llenos de esperanza por el que sería el gran acontecimiento sonrieron. Ya contaban con el aval. Todos de pie junto con sus corazones en tremenda primicia de los hechos. Ahí terminó todo. Se tomaron su último café y salieron a por ellos.

La brisa volvió a coger fuerza y las hojas comenzaron a danzar en los árboles. Miraron hacía el cielo y vieron un color naranja con rosa que bañaba todas las vegas. Se miraron y sintieron que ese era el último empujón que necesitaban. Esperanza y confianza. Tenían claro que no sería para nada fácil, luchar contra la costumbre y el conformismo quizá sería su mayor reto, pero sabían que ese no sería el problema el mayor problema. Sin aceptarlo y sin refutarlo ni una sola vez, sus mentes se sincronizaron y bajaron su mirada a ese pequeño canal de agua que llevaba algunas ramas y se metía en un campo lleno de Alfalfa. Más adelante ese mismo causal se desviaba a un pequeño huerto. Así pasaron toda la noche, viendo desviar el agua en cada canal que llevaba a una flora distinta.

Sin notarlo, en el cielo se dibujó un inmenso sol que calentaba lo que anoche era solo humedad. Tomaron sus cosas y se dirigieron a esa pequeña puerta que en su imaginación parecía inmensa, ahí donde solo existía la combinación agridulce de todo lo que habían conseguido unos meses atrás. Las tenían todas para ganar, sería su batalla, ¿Quién se uniría?, no lo sabían, pero lo iban a hacer. En sus bocas se formó una sonrisa, alzaron pecho y entraron.

El cuarto se encontraba lleno, pero no eran las personas lo que hacía aquel espacio tan acogedor, eran las ganas de futuro, las ganas del cambio, la sola esperanza de volver a la época donde para ellos era la mejor, donde solo existía un poco de rabia por enfrentar el tema que muchos quisieron poner bajo el colchón. Era momento de enfrentarlo. Ya no estaban en esa época dorada. Las cosas habían dado un giro, solo dependía de ellos saber si todo terminaría en caos o fiesta.

Los espectadores voltearon a mirar a la puerta, algunos tenían caras familiares, otros no, pero aún así sonreían, quizá por la presión del momento; volvieron a tomar aire y dieron unos cuantos pasos para llegar a la tarima. Ahí empezaba todo. Era enero, un frío enero que acobijaba el nuevo año, como quien dice “año nuevo, vida nueva”. Se lo tomaron literal; sus ojos se posaron frente a la basta población de miles de ideas que tenían en frente de ellos. Ahí comenzó el discurso.

“Desde enero del presente año se está realizando un proyecto en el Altiplano de Granada con el fin de poner en valor las vegas y el conocimiento tradicional asociado a ella, para mantener vivos los tan necesarios agro-sistemas de las vegas.”

Todos se miraron, confusos de la travesía que “estos” harían, unos refutaron, otros blanquearon los ojos, ¿sería la primera vez que escuchan algo así?, otros se llenaron de curiosidad y empezaron sus preguntas. Una mujer de cabello castaño se levantó de su asiento e hizo la pregunta que definiría cómo y con qué.

Hace algunas semanas habían tenido una reunión para pedir apoyo a la locura que tenían, a la iniciativa y sobre todo a las esperanzas de muchos. En una carpeta azul estaban todos esos documentos. Mientras iban por las firmas, el hilo blanco que sujetaba la carpeta se iba soltando como si fuera el pasado quien iba quedando atrás; el amigable saludo del hombre de traje que estaba en el mostrador le dio un respiro a la tensión. Hablaron unos cuantos minutos. Ya habían tenido esta charla con varias personas antes, pero el miedo no dejaba de aparecer cada que exponían lo que traían esa carpeta azul. Todo concluyó en risas.

“El proyecto diseñado y ejecutado por la Asociación, sin ánimo de lucro y con fines sociales, Pasos Participación y Responsabilidad y financiado por la Unión Europea a través de los fondos LEADER que gestiona el GDR del Altiplano de Granada, junto con los ayuntamientos de Cúllar, Benamaurel y Galera”, nunca imaginaron decir algo así. La mujer de cabello castaño sonrió tras la respuesta y se sentó.

Queremos y pretendemos ayudar a los municipios y a su población a trabajar de manera conjunta y afrontar todos esos problemas y necesidades que hay aquí en las vegas y que durante varios años ha ido aumentando. Exclamo uno, el otro le siguió, sabemos que la mayoría de los problemas y necesidades es la poca rentabilidad de las prácticas tradicionales, con ella el abandono de la actividad agrícola-ganadera, la falta de relevo generacional y la dificultad del mantenimiento de todo el ciclo de producción de esta. El ambiente se puso en calma y empezó el debate. Lo habían hecho bien.

Los árboles empezaron a cambiar de forma, el frío cada vez se iba desvaneciendo, el sudor cada vez más se veía a flor de piel. No eran ni las 9 de la mañana y ya había varias mujeres y hombres en sus huertos y bancales. Sus pasos aceleraron. Debían alcanzar el próximo regado. Con grabadora en mano, café en la otra y una hoja de preguntas comenzaron a hablar con la mujer con la que habían quedado. Ya el proyecto iba en marcha, no habían llegado a otoño y llevaban 50 entrevistas en 14 municipios, especialmente en 3 municipios, Galera, Cúllar y Benamaurel. Sus puestas de sol eran como ninguna otra. La fase uno estaba casi lista.

Cada día que pasaba, se daban cuenta que sucedía lo que aquella vez pensaron. Se vía el dialogo, la sed de buscar soluciones entre ellos mismos. Los conocimientos, las posibilidades y recursos empezaron a brotar como las flores en primavera. Se empezó a volver real y tangible. “buscar fórmulas que permitan que, mediante la colaboración y el apoyo de la comunidad, se pueda apoyar a la gente que con su labor diaria mantienen vivas las vegas” Ya no era una idea tan loca. Se miraron, habían pensado lo mismo y no, no fue una idea loca.

Sonó el reloj, era mitad de septiembre, uno que otro sonido entraban de la ventana. Sus pies tocaron el frío suelo de aquella cueva, se tomaron un café y pusieron sus sueños en marcha. Sonaron las ruedas del carro al estacionarse frente de la misma puerta que al inicio dio miedo. Algunas cosas habían cambiado, esta vez no tomaron aire, no temblaron, ni emitieron algún sonido. Con toda la fuerza entraron para seguir con aquella locura que empezaría en su segunda fase. La acción.

“Desde el proyecto tiene prevista la realización de varias actividades colectivas hasta final de año como: jornadas de limpieza participativa; rutas de senderismo y reconocimiento de las vegas del Altiplano granadino; talleres participativos de reflexión colectiva.”, todos se miraron, pero esta vez con entusiasmo. Ya no esperaban la fecha para que comenzará la acción. Ya los conocían, ya les gustaba su proyecto, ya se habían apropiado de él. Aunque no todo era color de rosa, todo iba sobre la marcha.

Se escucho una voz a lo lejos preguntando por su entrevista, fue como una bola de nieve. Entre ellos mismos hubo carcajadas por saber que harían con esto. Sonrieron y exclamaron: “Todo lo trabajado realizado durante los meses se verá reflejado en una exposición audiovisual la cual se realizará en el mes de diciembre”, como una película, exclamaron los pequeños. Se intercambiaron más palabras, y como casi todas reuniones, terminó en café. Era septiembre del 2023.

Si quieres conocer más del proyecto de Vegas de conocimiento y participar en las actividades, puedes seguirlos en su grupo de Facebook y en Instagram como Pasos Participación.



 
 
 

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